Danza de fuego
Cariño ven, dancemos, y que quede fuego en donde andemos. Vamos, corramos y juguemos a conjugar una nueva palabra, una que surja en medio del placer, también hagamos una melodía, donde la batuta sean nuestras lenguas.
Ven, ven y dancemos, y que quede fuego en donde andemos. Anda, recorre mis pechos, recorre mis piernas, recorre mi espalda, hazlo con tus dedos, que dancen por todo mi cuerpo al ritmo de nuestra acelerada respiración. Toma mis cabellos, y jala de ellos, intenta contar cada uno de ellos mientras nos fundimos, mientras nos hacemos uno.
Ven, ven y dancemos, y que quede fuego en donde andemos, un ritmo rápido, un ritmo lento... El que tú gustes... El que los dos gocemos. Corre conmigo, corre hacia mí, corre de mí... Igual nos uniremos, lo disfrutaremos. Arráncame la ropa a mordidas mientras le grito a la luna tu nombre. Ven, pon tu pecho contra el mío, quiero sentir cada uno de tus latidos, aprópiate de mí, tócame como una hermosa nota, formemos una orquesta.
Ven, ven y dancemos, y que quede fuego en donde andemos, déjame contemplar tu maravilloso cuerpo con tan perfecta estructura, esa que luce cálida bajo la luz solar y reconfortante con el brillo de la luna. Permíteme besarte en donde me plazca y no me limites a tu boca. Quiero ver tu rostro gozoso de sentir, y deslizarme en tu cuerpo tembloroso al borde del estallido mientras tus ojos brillosos proyectan el deleite. Seamos la viva encarnación de la pasión. Ven, acércate aun más, siénteme y déjame sentirte, aquí... Dentro de mí. La melodía termina, pero ésta solo es el principio de otra, así que ven, ven y dancemos, y que quede fuego en donde andemos...
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